martes, 22 de febrero de 2022
Ledna Biasquini, tres poemas.
martes, 15 de febrero de 2022
“El regreso a casa del hombre imaginario”, poema de Julio César Marín Jara.
El regreso a casa del hombre imaginario
Ahí de pie ante el camino de la reja a la puerta está el hombre imaginario.
Complicando el funcionamiento de los labios trémulos,
esa casa multilabialmente nombrada…
No es la propia.
Ha fenecido detrás de los imitantes del hombre imaginario…
Esos que desean alcanzarlo y sonar como él.
Se han enmohecido los adornos de las repisas.
¡Sólo queda ese secreto!
Ese nombre vociferante que las sombras resguardan para el sepulcro de éste.
Aquí, bajo un gimoteo imaginario,
yace este imaginado sin nombre, sin lagrimeo.
El recuerdo huye detrás del verbo.
domingo, 13 de febrero de 2022
Gabriela Ladrón de Guevara, tres poemas.
Gabriela Ladrón de Guevara de León. Mexicana, profesora-investigadora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Narradora oral y escritora, publicó un poemario titulado “Ciudad: Mujer en movimiento” (Enero Once Editorial, México D.F., 2020, inaugurando la colección “Máquina de Trinos”).
Viento de fuego con sal y hielo
metal de sangre en el mar embravecido.
sutil presencia de movimiento diario
imprescindible maestra científica hechicera.
Sabia intuitiva revisas juicios y sentencias
narradora de sueños que bebe la vida
conocedora del sino y profeta del paraíso
risa alegre sinvergüenza sarcástica culta.
Deseo tu triunfo tu carcajada
que nada nuble tu mundo independiente
que analices y dispongas si amas o lloras
grita libre llama violeta haz lo que decidas.
Prendo una vela por tu seguridad
ruego porque regreses completa a casa
pido que la violencia no te toque
me duele saberte vulnerable.
Hablo por nuestras hermanas ausentes
por quienes no tienen voz
por quienes son sometidas
por las olvidadas por ti y por mí.
Sol brillante de papel y tinta
palabras de hierro con agua
relámpago que rebasa el cielo
eternidad moviéndose en esperanza.
Río revuelto
Gracias, M.
Puente seguro río revuelto
agua
corre sin límite ni freno
ajena
la observo
me
reflejo y me siento
en abandono
perdida
sola
Arremolina, corre y se va
ríe
mientras juega
inocente
insumisa fresca
yo
permanezco atada
doliente
frustrada
en olvido
Me
aferro al barandal
espero
respiro
reviso
vértigo me invade
me
sostengo
aguardo
vivo siento ruego sueño
grito
y me valido:
¡Soy perla fina!
Mi poesía
Mis
textos habitan el desierto
vuelan
y se envuelven en el hierro
apoyan
sostienen
y defienden
como
su ama y señora los valoro, los defino
entiendo el pasado, concibo el futuro.
Vendaval
de conceptos, ideas, sentimientos
emociones
desbordadas en letras controladas
tinta
que mancha, perdura y reclama
olores
ahumados de paz, bien y lucha.
Sangre
compartida, arma perfecta
arrasa
y comunica, crea y cambia
permite
mirarme, mirarnos todas
conocernos
reconocernos
únicas,
completas, fuertes y bellas.
Grupo Cotiledón, "Membrana" (extracto), obra de música y danza contemporánea.
lunes, 7 de febrero de 2022
Criatian Lagos, "Culebrón", poema.
domingo, 7 de noviembre de 2021
Rodrigo Peralta, extracto de "Una luz imprudente" (Buenos Aires Poetry, Argentina 2021).
Rodrigo Peralta (Santiago de Chile 1973). Licenciado en Educación, actor, profesor, escritor y poeta chileno. Testigo directo del quehacer cultural y político de finales de los ’80 y la década de los ’90 donde se formó como artista. Ha publicado los libros "Hacia la noche de afuera" (2003), "De-Claro" (2011) y "Una luz imprudente" (2021, Argentina). Ha colaborado en revistas como Absenta, A 89, Oropel y ha realizado crítica teatral en el diario Cine Literatura. Sus poemas han sido incluidos en antologías como "Una invitación, un poema" (Chile) y "Anuario bilingüe de poesía de San Diego / fractal 2020-2021" (Garden Oak Press, San Diego, California, Estados Unidos, compiladora Olga Gutiérrez García). Actualmente es director y editor de Ediciones Filacteria y vive en Talca.
A continuación presentamos un extracto del libro "Una luz imprudente" (Buenos Aires Poetry, 2021).
* *
*
EL
HABITANTE
1
El rostro de
un Habitante proyectado en un muro.
En cualquier ciudad del mundo un muro y un Habitante.
2
Café negro,
ceniza de cigarro en el suelo.
El oficial tiene la boca vaporosa y con espuma. Existe expectación en el
entorno.
Ya no importa la “L” en los pasaportes, tampoco las listas con nombres
prohibidos.
Son tiempos de
retornos, de regresos voluntarios, de treguas. El oficial respira hondo y deja
escapar una sonrisa. El oficial da la bienvenida y luego
se retira apresurado, junto a su escolta espumosa.
Los últimos
en descender del avión son Ana y el Habitante, caminan por la loza, es primera
vez que se ven,
el trecho para llegar donde se encuentra la multitud
se hace extenso. Sus maletas son livianas,
vienen casi
vacías, como el día de su partida.
Al llegar al
acceso de salida y entrada del aeropuerto
no queda nadie, solo el tráfico habitual
de unos pocos pasajeros y los taxis negros con techo amarillo, esperando a los
últimos retornados de la jornada.
Dejan sus
maletas en el suelo, se miran y proceden a recibirse estrechando sus manos,
a saludarse con un abrazo
y sellar el encuentro con un beso, simulando todos esos años “sin vernos”.
Por lo pronto
hay que ordenar la casa
y conocer a los nuevos integrantes de la familia.
Ana abre las
ventanas,
sacude los muebles y pone a tostar un poco de pan para terminar el desayuno
pendiente.
El Habitante
enrola un cigarrillo,
se sienta a contemplar los cuadros y las fotografías que cuelgan de uno de los
muros de la casa.
3
El Habitante
sale a la ciudad con una libreta donde escribió algunas direcciones que
recordaba. Es irreconocible el paisaje, el rio sigue su curso, sus aguas son
pesadas y oscuras. Hay memorias inexistentes en el mapa. No encontró a nadie,
ni siquiera algún vestigio.
Se sienta
frente al museo, esta algo agobiado, tiene sed y poco dinero. Toma agua de la
que sería el último bebedero del parque. Al país donde regresó, todo se
vende y se compra.
Pasan
patrullas con sus sirenas encendidas, la película es en blanco y negro. Se ve
mucho movimiento, autos sin placa que suben hacia el oriente. El despliegue es
impresionante. El Habitante entra a un negocio, mientras compra cigarrillos,
por la televisión se informa del asesinato de un senador de la república. El
locatario aplaude, una mujer que se encuentra haciendo un pan con mortadela lo
increpa - ¡son los terroristas!- El habitante sale del negocio dejando
atrás la discusión, las sirenas están por todos lados, le tiemblan las
piernas, le sudan las manos, piensa en voz alta –no he llegado a buen lugar,
necesito un trago–.
El Habitante
entra a una fuente de soda en calle Bandera. Ahí se cobija y pide una malta
con cacao. Se mira en el extenso espejo que se encuentra en la barra, ve pasar
su vida cansada; no hay nada más que hacer por el momento, solo esperar que
baje la conmoción en la ciudad por la muerte del senador y la fuga masiva de
la cárcel pública. La libertad tiene un costo y el habitante lo sabe muy
bien.
Pide otra
malta, se la bebe en un par se sorbos, se acomoda el Jopo y su polera marinera,
se arremanga los jeans y limpia sus bototos. Prosigue su recorrido hacia el
poniente.
El Habitante
es hijo legítimo de una generación impertinente, sabio pasajero de clase
incómoda, que cuando estalla en melancolía camina en busca de un recital punk
en algún lugar de la vieja ciudad.
DECORADO
2
Una torre de
alta tensión. Un conjunto de edificios emplazados en lo que fue el centro de
la provincia. En sus azoteas, un centenar de antenas y cables y fecas, y
motores de ventilación artificial, porque las calderas en los subterráneos
dejaron de funcionar cuando todos se marcharon hacia la capital, que está a
unas pocas cuadras, en línea recta, avenida arriba, cruzando DIGNIDAD.
Desde el
margen se habita en verticalidad, si quieres eliminarte por fatiga existencial,
te lanzas al patio colectivo, y dará lo mismo si vives o mueres –que es lo
más probable–, porque no eres el centro de atención.
Tu alma
gravitará y la animita que construyan en tu memoria la harán desaparecer
porque no será adecuada para el paisaje trizado de espejos, con olor a
escombros, papeles quemados y aguas teñidas que se escurren
por las
alcantarillas.
Una torre de
alta tensión. Un conjunto de edificios. Apagón.
TRIZADO
Juliano decía
que las cosas eran un destello, como la bala que remata al que traiciona.
Pero Juliano
jamás gatilló la negra de calibre 38 largo. Sólo tenía la boca con aliento
a pólvora. Viejo Juliano, el vino y el queso, el mejor del barrio. Él, mi
padre postizo, cercano amigo.
Juliano y el
espagueti.
Su tratoría y sus gritos guirnaldaban la cuadra:
Olores mi boca la noche.
Siempre lo decía luego de unas cuantas copas
de su mejor brebaje –olores mi boca la noche– y desaparecía dejándome una
canción de Adamo sonando del viejo toca discos heredado de su nonno.
Desperté
frente a una ventana intermitente de luz.
A veces pienso en regresar, sé que ha pasado el tiempo,
sé que aquí estoy seguro, pero ahí permanecen las imágenes a todo color, como aquel día en que te vi en Casa Cena.
Yo era el
niño que iba junto a ese hombre la mañana del 76 caminando por el centro de
la ciudad.
Esa madrugada
en Casa Cena te reconocí de inmediato.
Te levantaste
al baño, todo ocurría como si fuera la mejor escena de una película de
gánster. Pensaba que en cualquier momento el director diría ¡corte! Pero
la secuencia siguió su curso. Te abordé en el baño.
Al principio
sonreíste, pero cuando la negra calibre 38 largo entró en tu boca bastardo de
mierda, apelaste a los años, al olvido y llorabas de miedo pidiéndome por tu
miserable vida.
Tus huesos
viejos quedaron marcados en mis dedos. Caíste al suelo pidiendo ayuda. Pero
nadie vino por ti.
Regresé a mi mesa, terminé mi botella y salí tranquilo en dirección desconocida.
Hugo Villar, dos relatos breves del libro "El impostor" (2016)
Hugo Villar nace en Talca, en 1981. Después de pasar su primera infancia en el campo maulino, se traslada a la capital regional, donde cursa sus estudios de enseñanza media en el Liceo Abate Molina de Talca. Luego ingresa a Pedagogía en Religión y Filosofía en la Universidad Católica del Maule, para posteriormente realizar un Magister en Literatura y Artes Visuales en la Universidad de Talca.
En literatura ha publicado los libros de poesía y cuentos "Extramuros" (2015) y "El Impostor" (2016), y ha participado en la antología de poesía social "Verbo Latente" (2018). Actualmente se desempeña como profesor en la escuela de Arquitectura de la Universidad de Talca. Es columnista del suplemento “Temas” del diario El Centro y publica sus cuentos en el diario rural Sanclementino.
En producción audiovisual destaca su dirección del videoarte "Talca On The Road", y los documentales "Sota" y "Sonrisas de Paz". También produjo, actuó y escribió el guión de la primera película de acción talquina, "Los Culpables", estrenada en 2017. Ha participado como actor en varios cortometrajes de la saga de terror "Crónicas de Talcadáveres" (2012).
* *
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A continuación presentamos dos relatos breves del libro "El impostor" (2016).
Hugo Villar, "El impostor en busca de su sombra" (Taller de Libros de Cerro Artillería, Puerto de Valparaíso, 2016, 116 páginas).
Mujer
fatal
–Eran cuatreros, ellos me
engañaron, mandaron a esa mujer para que me engatusara, es la verdad patrón, yo
le explicaré.
Estaba en el bar de Don Melo, venía
de encerrar a los caballos en los corrales y uste’ sabe que a mí me da sed
después de la faena, entonces estaba en eso, tomando una pilsener ¡pero después
pa’ la casa, tranquilito! Entró una rubia buenísima, rica la tonta, unas
piernas gruesas ¡¡shhh ‘tese calla’iíto!! Con unos pantalones apretaditos y un
escote que ni le cuento… se acercó directo a mí. Debí haber sospechado, era
raro que una mujer se me acercara de esa forma. Bueno, la cosa es que dijo que
andaba medio perdida, buscando a una amiga que vivía por el sector de Bella
Unión. Entonces, me hice el galán y la llevé en la camioneta. Íbamos
conversando, mientras yo manejaba; nos metimos por un callejón y ella me pidió
que parara, dijo que tenía que ir al baño. Se bajó y se metió entre unos
árboles y matorrales, la verdad es que estaba bien oscuro. Cuando regresó me
apuntó con un arma y me gritó que bajara del vehículo, afuera había tres tipos
con escopetas, me pidieron las llaves de los corrales, me golpearon en la
cabeza y quedé inconsciente. Cuando desperté ya era de día, me dejaron amarrado
a un árbol y unos niños que a esa hora iban a la escuela me vieron y me
soltaron. Mi camioneta no estaba y, como pude, llegué a los corrales, los
caballos ya no estaban, había huellas de neumáticos grandes, seguramente se los
llevaron en camiones. Se lo juro patrón, yo no tuve na’ que ver, a mí me
engañaron, fue de caliente no más, uste’ sabe: uno no es de fierro.
Perdidos en Mariposas
Cuando decidimos robar el Teletrak de la ciudad de Talca, estábamos convencidos de que todo saldría bien y como solo en las películas las cosas como éstas salen bien, a nosotros se nos pudrió todo. Lo que ocurrió fue lo siguiente: cuando estábamos en el local teníamos encañonados a los clientes y funcionarios, todo iba perfecto, yo tenía a los viciosos jugadores de carreras de caballos en el piso, amenazándolos con mi arma; el Chino, por su parte, estaba desmantelando la caja fuerte, metiendo el dinero en unas bolsas y quien nos cubría afuera con el auto encendido era el Chico Ramírez. Justo cuando me estaba extrañando que todo resultara impeque, aparece el guardia abriendo una puerta que hasta ese momento había permanecido cerrada, y que yo ni el Chino habíamos notado. El tipo se las quiso dar de héroe y comenzó a disparar, yo me tiré al piso y vi salir al Chino disparando, yo también disparé desde el piso y logré darle al guardia en uno de sus hombros. Raudamente salimos del local y nos subimos al automóvil. El Chico Ramírez aceleró por la Cuatro Oriente hasta la Alameda, al llegar a la Once Oriente creímos sentir unas sirenas, tratamos de tranquilizarnos. Puso un poco de música, era una ranchera tropical del grupo de su hermano, Los Inseparables de Maule Sur, el tema hablaba de amor, engaños y borracheras. El Chino cantaba con aires de nostalgia y ya estábamos en el bypass de San Clemente. Habíamos decidido perdernos unos días en la precordillera, quizás arrendar una cabaña. Nos detuvimos a comprar unas provisiones en Mariposas. Cuando nos acercamos al mesón del negocio notamos que escuchaban la radio Paloma, donde hablaban del asalto. Rápidamente regresamos al auto y continuamos el viaje, creo que el Chico se persiguió, se asustó con lo que escuchó en la radio, tomó un desvío por un callejón sin pavimentar y nos adentramos en un bosque cerrado bordeando la ladera del cerro, llevábamos media hora sin detenernos hasta que se nos pinchó una rueda y el conductor perdió el control del auto. Nos estrellamos primero contra un árbol y luego nos volcamos y arrastramos varios metros ladera abajo. Cuando reaccioné, me di cuenta de que era el único que estaba vivo, por suerte me puse el cinturón de seguridad, así que tenía algunas contusiones leves y un brazo roto. Tomé el dinero y logré salir del auto, avancé unos metros y me interné en el bosque, miré el cielo y respiré profundo. Ya nada podría salir tan mal, creo que la suerte me estaba dando otra oportunidad.
